Héctor Germán Oesterheld
El escritor argentino Héctor Germán Oesterheld nació el 23 de junio de 1919 en Buenos Aires, Argentina, era hijo de un inmigrante alemán llamado Fernando Oesterheld y de Elvira Ana Puyol, de origen vasco.
Desde muy temprana edad dio muestras de un particular interés por la lectura. En 1943, a los 24 años, comenzó a trabajar como corrector en el suplemento literario de La Prensa, donde publicó su primer cuento, intitulado Truila y Miltar. En él ya podemos encontrar sólidos vestigios de la estética que luego lo llevará a la fama y a la muerte.
Fue estudiante de Geología en la Universidad de Buenos Aires, complementando sus estudios universitarios con los de botánica, zoología y antropología, además de llevar adelante una intensa producción de literatura infantil (Gatito y la colección Mis Animalitos de Sigmar entre otros) que logró publicar en diversas editoriales.
Pocos años pasarán entre el Oesterheld escritor de cuentos infantiles y el Oesterheld guionista de historietas.
Cuando apenas comienza la segunda mitad del siglo veinte, el dueño de la Editorial Abril le ofrece la tarea de escribir guiones de historietas. Para Oesterheld significa una de las oportunidades más importantes de su vida, surgiendo entonces sus grandes trabajos en las revistas RAYO ROJO y MISTERIX: El Indio Suarez, Bull Rockett y El Sargento Kirk.
Luego de recibirse de Geólogo contrajo matrimonio con Elsa Sánchez.
H.G. Oesterheld
Al poco tiempo abandonó la actividad científica para dedicarse de lleno a su gran pasión y su inescrutable sentencia: la literatura, comenzando así una lista interminable de éxitos como guionista de historietas: Ticonderoga o El Eternauta son algunas de ellas, siempre de la mano de dibujantes de gran talento como Hugo Pratt, Paul Campani, Solano López o Alberto Breccia.
Estos artistas conformaron un nuevo circuito de producción creativa en el país, cuyo eje se movía justamente tras Oesterheld.
En 1952 nace Estela, la primera de sus cuatro hijas. A ella le siguen Diana (un año después), Beatriz (1955) y Marina (1957).
Tanto ellas como sus esposos compartieron el mismo destino de su padre; militantes montoneros, se convirtieron en víctimas fatales de la cruenta dictadura militar que sacudió a la Argentina en la década del 70´, permaneciendo aún hoy en estado de desaparecidos.
Con su hermano Jorge Oesterheld fundó la editorial Frontera, que se transformó en uno de los espacios más importantes de la literatura de aventura a través de revistas como Hora Cero y Frontera.
Esta editorial, así como sus revistas, se caracterizó por llevar a los lectores un claro mensaje político y social que la alejaba de la clásica historieta pasatista y ancilar. Ellos daban cuenta de un giro estructural y semántico en el género que marcó un hito en la literatura nacional, ligando el cómic a la cruda realidad nacional y mundial de aquellos tiempos, donde la guerra estaba a la vuelta de la esquina.
Para Oesterheld la historieta nunca fue un mero entretenimiento sino una herramienta para arreglar lo que no funcionaba, un grito que quería hacerse oír, una nueva forma de decir basta.
Todos los géneros y temas fueron objeto de análisis de la editorial.
El western, lo fantástico, la ciencia ficción, la historia argentina... hasta la segunda guerra mundial fue revisada por el escritor a través de su personaje Ernie Picke, donde, en medio del terror y la muerte, nos intentó mostrar el lado humano de las personas.
Luego, en el apogeo de su carrera, aparecieron nuevos personajes que dejaron su marca en la historia del género: Randall, Rolo el marciano adoptivo y Ticonderoga pasaron a ser parte de la memoria colectiva, al igual que su creador.
Finalmente, su obra cumbre, El Eternauta, con dibujos de Solano López se transformó en una bisagra, con un antes y un después bien definido a la hora de la escritura de este tipo de relato.
Su capacidad alegórica y anticipatoria aún hoy sigue impresionando a los que incursionan por primera vez en esta obra de máxima importancia para la ciencia ficción local.
A pesar de sus grandes éxitos, en 1963 la editorial entra en una severa crisis económica debido, quizás, a la inexperiencia comercial de sus fundadores, lo que lleva a Oesterheld a más de un lustro de oscuridad y silencio. Sin embargo, durante esta época crea a Mort Cinder, fiel reflejo de su estado de ánimo.
Con el fracaso editorial y agobiado económicamente, Oesterheld regresa a trabajar en Misterix y Supermisterix, revistas que ya no eran publicadas por Abril sino por la Editorial Yago.
Allí nacen Mort Cinder y Watami. Simultáneamente publica sus historietas en Chile y además
surgen nuevos trabajos como director en la revista Eternauta y como editor en Geminis; ambos eran magazines pseudos científicos con un estilo similar al de la legendaria revista Mas Alla, donde el autor también supo trabajar en sus inicios.
A fines de los años sesenta Oesterheld ha logrado el reconocimiento de sus pares y el público, tal es este, que le piden publicar uno de sus cuentos en la antología de ciencia ficción Los Argentinos en la Luna; libro en donde lo acompañan entre otros: Mujica Láinez, Pablo Cappana y Alfredo Grassi.
Al mismo tiempo e impulsado por los momentos difíciles que vive el país asume una militancia política que influye notoriamente en su obra.
También son publicadas La Guerra de los Antartes dibijada por Gustavo Trigo y la versión dibujada por Breccia de El Eternauta. Dos historias que poseen varios puntos en común, destacándose entre ellos, la traición de las grandes potencias del norte a los países menos desarrollados.
Trabajó también en las revistas Gente, El Descamisado, Noticias, 2001, Patoruzu Billiken, Anteojito, y en diferentes publicaciones de divulgación científica.
Pero en 1968 el mundo ha cambiado, los ecos del mayo francés y del Cordobazo repercuten en la intelectualidad argentina, y particularmente, en Héctor Oesterheld.
Se crean nuevos movimientos sociales y políticos que luchan por un profundo cambio social, lo que hace aparecer en escena con todo su esplendor una faceta ya insinuada en las primeras creaciones de Oesterheld, la de un escritor que en lugar de reproducir la lógica del sistema la combate jugándose el propio pellejo en ello.
Como ejemplo podemos tomar su obra El Che en el mismo año 68´, historieta sobre la vida del guerrillero argentino, asesinado un año antes en las selvas bolivianas y el de Evita. Aquí ya no hay lugar para las medias tintas parece decir Oesterheld, en medio de tal vorágine social no puede haber silencios que no se conviertan en complicidades.
Oesterheld eligió el camino militante del escritor comprometido con la transformación social. En medio de Praga crecían amapolas... y Oesterheld, junto a Sartre, le ponía letra a la historia.
Los años pasaron y bajo los adoquines no hubo arena de playa sino sangre derramada, sangre de quienes, como este escritor, intentaron aportar un pequeño ladrillo a la construcción de algo diferente.
En 1969 fue publicada una nueva versión de El Eternauta en la revista Gente, con dibujos más experimentales hechos por la pluma de Alberto Beccia. El contenido de la obra fue modificado por el propio autor, deslizándose más hacia lo político.
En esta época tanto él como sus cuatro hijas comenzaron a militar, algunas en la UES (Union de Estudiantes Secundarios) del peronismo, otras en la Jotapé (Juventud Peronista) y finalmente en Montoneros, la más importante y numerosa de las guerrillas peronistas, protagonista de la lucha armada del país durante la década del setenta, que buscaba el regreso del General Peron al pais.
Su arte, igual que el de Rodolfo Walsh y el de Francisco Paco Urondo, pasa a estar al servicio del objetivo peronista de Montoneros, enfrentando la política liberal de la derecha Argentina.
Con la llegada del proceso militar Oesterheld pasó a la clandestinidad, escribiendo desde allí la Segunda Parte de El Eternauta, libro que logró publicar en la editorial Record. Allí retoma la edición de 1957 y realiza pequeñas adaptaciones respecto de la coyuntura social argentina y, más en particular, a la suya propia de perseguido político.
Pero todo el sueño se esfumó en 1977, cuando Héctor Germán Oesterheld, producto de su literatura, es secuestrado por un grupo de operaciones de los servicios de inteligencia militar argentina. Ese mismo año desaparecen dos de sus hijas Estela y Marina, y ya un año atrás habían pasado a formar parte de la larga lista de desaparecidos sus otras dos hijas: Beatriz y Diana.
En plena dictadura militar, a mediados de 1976, Ediciones Record reimprime en fascículos la versión original de El Eternauta, publicando ese mismo año y en la revista SKORPIO su ansiada secuela.
Escrita por Oesterheld desde la clandestinidad y dibujada por Solano López, esta continuación
resulta mucho más directa y controversial que la original. Los nuevos ideales del guionista se plasman y trasladan a la historia que escribe desde quien sabe donde. Ya no hay lugar para sutiles metáforas, Oesterheld no es el mismo y Juan Salvo tampoco.
En 1977 el autor se convierte, junto a gran parte de su familia, en uno de los miles de desaparecidos durante la dictadura militar argentina. La historieta pierde para siempre a uno de sus mejores exponentes.
Héctor Germán Oesterheld es uno de los más grandes guionistas dentro del ámbito mundial, uno de los más famosos de nuestro país, y sin duda el más prolífico.
Se lo considera un precursor y el padre de la edad de oro de la Historieta Argentina. Su influencia en esta industria es innegable, eso sin hablar de la infinidad de lectores y eventuales colegas cuyas vidas han sido tocadas por su trabajo.
Gentileza de Santiago Plaza cocoplaza@ciudad.com.arEsta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla Esta direccion de correo electronico esta protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
La primera en desaparecer fue Beatriz Oesterheld. Tenia 19 años.
Beatriz OesterheldEl 19 de junio de 1976 llamó por teléfono a su madre, Elsa, y la citó en la confitería Jockey Club de Martínez. Hacía mucho que no se veían y estuvieron hablando casi dos horas. Al despedirse, la joven fue hacia Villa la Cava, en San Isidro, donde -según la madre- militaba. Nunca llegó.
Dos días más tarde, un desconocido se acercó a Elsa cuando estaba por subir al tren y le dijo que Beatriz había sido secuestrada por el ejército.
Su madre fue a la policía y a Campo de Mayo, vio a jueces y sacerdotes, y presentó un hábeas corpus
El 7 de julio fue citada en la comisaría de Virreyes y le dijeron que su hija había muerto junto con otros cinco chicos. Le dieron el cuerpo y la sepultó.
El 4 de julio, Elsa de Oesterheld se enteró por los diarios que los militares habían matado a su otra hija, Diana, de 23 años y embarazada de seis meses, en su casa de Tucumán. Después mataron al marido de Diana. El hijo de ambos, Fernando, de un año, fue llevado a la Casa Cuna como NN. Luego se crió con los abuelos paternos.
E1 secuestro de Héctor Germán Oesterheld fue en la Plata, el 27 de abril de 1977. Estuvo detenido en Campo de Mayo, también en El Vesubio -una cárcel clandestina de La Tablada-, y en un sector de la subcomisaría de Villa lnsuperable conocido como Sheraton.
Lo vieron con la cabeza vendada. Se cree que lo asesinaron en Mercedes.
El 14 de diciembre de 1977, Estela (24 años} le escribió una carta a su madre para contarle otra tragedia: -Mamita, Marina hace un mes que no está con nosotros. Marina tenía 18 años y estaba embarazada de 8 meses.
E1 día que despachó la carta, Estela fue asesinada junto a su marido. Se llevaron a Martín, su hijo de tres años, pero después se lo devolvieron a la abuela Elsa.
Hoy Fernando, el nieto -hasta ahora-menor de Hector y Elsa, vive en Buenos Aires, y Miguel Martin, ya con un hijo suyo, también yse destaca como Director de arte de filmes exitosos.
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